No era Libre

Carta al amor

Te he buscado por tantos años, me empeñé en encontrarte en un cuerpo que no es tuyo. Lo siento.

Te he acariciado en sueños, nadado en la profundidad de tu corazón. He dormido en tu pecho. No te conozco aún.

Te sientes resuelto, una fuerza segura. Eres el amor que quiero en mi vida. No quiero entretenerme con algo diferente. Sé que te has sanado y sacado de las sombras. Sé que has andado tu camino y eso lo admiro.

Sabes, me he permitido florecer, nutrirme, aprender a cuidarme. Quería sentirme libre cuando te encuentre, como hoy lo soy. Desatada de heridas pasadas, más no pretendo maquillarlas. Del desamor, que traía cargando como una cobija, lo he dejado. Ya no es mío.

Quiero que puedas tocar mi piel sin restos de amores pasados. Sin compartir nuestra cama con fantasmas. Hacer nuestra vida sin amores pendientes.

Pensé que la libertad venía de fuera, que tenías que encontrarme para poder soltar. Pero no es así, ¿verdad, amor?

Tenía que llegar aquí, recorrer la mitad del camino, por mi propio pie. Por mucho tiempo pensé que con llamarte, vendrías y haríamos el camino juntos. Hoy agradezco haber ganado fuerzas. Hoy tomo los retos, las lecciones vividas. Reconozco mi fuerza.

Es que era una semilla que creía ser flor enterrada. Algunas noches pedí que vinieras a sacarme de ahí, pero la respuesta siempre fue la misma: hazlo desde ti.

No entendía que clase de amor me estaba enseñando la vida. ¿Qué clase de amor te deja siendo flor bajo la tierra?

Era el amor propio, ese que no tenía nada que ver contigo, pero que me lleva hacia ti. Ese que me habita en la oscuridad de la tierra húmeda.

Quería acelerar la vida, pasar de semilla a flor. Saltarme el proceso de amarme en lo incierto de la oscuridad, rodeada de tierra húmeda.

Cansada de resistirme al proceso que me habitaba, me dejé guiar. Comencé a germinar adentrándome más en el bendito silencio de lo privado, apreciando mi propio crecimiento.

Me enamoré de la sabiduría contenida en mi. Sabía ser semilla, raíz, flor, alimento para nuestro hogar. Lo he ido descubriendo mientras lo vivo. Me estoy dando cuenta ahora mientras te escribo.

Por eso te he soñado, por eso te he sentido, por eso te conozco.

Porque ya me habitas.

Quería crecer, ser flor para ti. No sabía que el proceso era para mí. Quería crecer rápido, sin hacerte esperar a que fuera raíz, brote, tallo y luego flor.

Había dejado fuera el tercer factor que hay entre tú y yo: el tejido.

Este que tiene su propio pulso, que se anticipó a mi proceso y al tuyo. Que nos obligó a caminar y encontrarnos en el medio.

Este que nos dió solo la suficiente información para llevarnos al punto de encuentro.

Donde dos almas se unen para formar un hogar.

Daniela Flores

Nuestros Horarios así nuestros encuentros.

Dejar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.