Niña

Niña, tan fuerte y valiente te enfrentaste al mundo de adultos. Valiente, abrazaste a esta masa de huesos que se enfrentaba a un mundo que le aterraba y mostraste valor por ambas.

Niña, fuiste tan valiente cuando las sombras te aterraban y te escondiste bajo las cobijas sin pedir ayuda; no querías que nadie más las viera.

Niña, siempre tan madura, escuchaste los conflictos de los adultos cuando aún no te tocaba.

Niña, me mantuviste en vida con tus ganas de vivir y tus grandes planes, no logras comprender mis dudas, tal vez, aún no veo lo que ves en mi.

Niña, hoy te reconozco ahí aterrada, porque el mundo que te he cargado es demasiado para ti. Estás cansada de fingir ser adulta, de tener todo en control,  porque realmente sólo quieres jugar.

Ahora entiendo esa hambre de validación exterior, buscas un adulto a quién entregar esta vida, lo siento, no estaba aquí.

Niña, hoy te encontré ahí ante el monstruo que te persigue desde siempre, ese que te dice que no eres suficiente y te abracé. Y así en cuestión de un segundo me volví adulta, me volví mujer.

Me abrazaste en busca de consuelo, ya no pude correr, abrí mis brazos por instinto, por necesidad porque yo también he corrido y me cansé.

Volviste a ser niña y me permitiste tomar el lugar de mujer. Entones ambas pudimos regresar al centro y dejar la nostalgia atrás.

Daniela Flores

 

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