El horizonte

Siento como las naves parten,

levantan sus anclas y se van,

esos viejos pensares

que se estacionaron en el mar de mi mente,

han partido a tierras lejanas

donde ya no necesitarán ser piratas de vida.

En su lugar han dejado el espacio

para observar el horizonte,

un espacio para ver los delfines saltar

y los amaneceres que me había negado a ver.

Supongo que también saldrán las estrellas,

las estrellas nunca dejaron de salir me recuerdas,

cierto es sólo que me acostumbré a dejar de verlas.

Es hora de disfrutar del horizonte,

así sin barcos, sin quehaceres,

así con sus infinitas posibilidades.

Con esa línea que no termina,

que me recuerda lo infinito de mi unvierso,

que el tic tac del reloj

es un canto a lo continuamente posible,

la amorosa invitación a perder el control

de lo que aparece en mi horizonte

y dejarme confiar en la grandeza del mar.

Daniela Flores

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