Guillame era un perrito adorable y, como todos los perros en Ciudad Egótica, su tarea diaria era perseguir su cola. Su sueño era aparecer en el periódico como el primer perro en alcanzarla. Imaginaba el triunfo, la portada y lo bien que se sentiría lograr algo que nadie que él conociera hubiera logrado. Había ciertas leyendas urbanas de los renunciados, estos habían logrado alcanzar su cola y después habían dejado todo, para irse de Ciudad Egótica.
A Guillame, le parecía una tontería, ¿quién querría sólo oler flores por el resto de su vida?
Cada uno tenía un círculo que les permitía correr más rápido, con técnicas que habían perfeccionado. Así, nuestro pequeño Guilla, fue volviéndose más famoso día con día. Se pasaba horas investigando sobre círculos, las técnicas de los mejores tiempos, trabajando en la conexión con su cola.
Y así, un día, como era de esperarse, logró atrapar su cola. No supo que lo había logrado, sólo sintió un dolor intenso que le recorría todo el cuerpo, fue tan fuerte que se desmayó. Al despertar, podía sentir que su cola punzaba y, al voltear a verse, se dio cuenta de que la habían vendado para él. Nadie le dijo que él se había mordido tan fuerte, que se había lastimado.
Así pasó el tiempo, se recuperó y regresó al círculo. Estaba ahí, haciendo lo suyo, cuando un recuerdo cruzó su mente. Había sido él. Se había mordido su propia cola, se había lastimado; en ese momento el círculo, las prácticas, el anuncio en el periódico, todo perdió sentido.
No seguiría haciendo algo que lo lastimaba. Así se fue a dormir.
En sus sueños, se vio brincando persiguiendo una mariposa. Se sentía tan real y era tan divertido, nunca antes se había sentido tan alegre. Al despertar, se dio cuenta de que era un sueño. Entonces pensó: ¿pero qué gano persiguiendo una mariposa?
digo… no voy a salir en el periódico…
que era su más grande sueño…
Tampoco volvería al círculo.
Los días pasaron, Guilla se sentía cada vez más perdido. No extrañaba para nada el círculo, sin embargo, no sabía qué otra cosa hacer. Tomó provisiones, y emprendió un camino que lo llevaría a un lugar desconocido para él.
Al llegar al nuevo lugar, vio que estaba rodeado de espejos. Había llegado a Truecan.
En Egótica también había espejos, pero nunca se había visto.
Ahí se dio cuenta de que podía hacer otro tipo de giros, tirarse al suelo, podía detectar olores a distancia, es más, podía mover su cola solo por placer.
¡Qué bien se sentía!
¿Cómo no lo había intentado antes?
Después de pasar un tiempo ahí, los espejos comenzaron a desvanecerse. Se sintió triste, ¿por qué pasaba esto justo cuando empezaba a gustarle lo que veía en el espejo?
Entonces, un cúmulo de mariposas lo envolvió. Fue tan divertido que, sin darse cuenta, llegó a Freelandia. Era el lugar más extraño que había visto, lleno de colores, flores por todos lados y un río que se veía increíble.
Era desconocido para él y también se sentía como en casa.
Daniela Flores
Descubre más desde Daniela Flores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
