Los espejitos

Cuenta la leyenda que cuando los españoles llegaron a América Latina, los nativos intercambiaban el valioso oro (para los españoles) por espejitos (valioso para los nativos). De aquí nace la frase “Cambiar oro por espejitos”, se usa para dejar ver el intercambio de algo realmente valioso por algo que lo aparenta. De aquí nace el título de esta entrada.

Nos vendieron la idea que como mujeres tenemos que ser iguales a los hombres y nos la compramos completa, intercambiamos el ser mujer (el oro) por entrar al mundo de los hombres (espejitos). Y aún así, hemos sabido sacar oro de los espejos.

Poco creo que nos sirva de algo buscar culpables, enjuiciarnos y juzgar la historia, mucho menos a nuestras hermanas. Gracias a esta búsqueda, hemos ganado derechos que antes no teníamos como el de escribir, decir lo que pienso, estudiar, viajar, comer, ganar nuestro propio dinero, independencia, salud, decisión, voto, ser reconocidas como algo más que una propiedad y más. Derechos que nos han correspondido siempre.

Sin embargo en una lucha alimentada en mucho por otros hombres. Nos volvimos hombres en cuerpos de mujeres, intentado disfrutarlo. Entonces nuestro cuerpo nos estorba, los cambios hormonales, la menstruación, el cuerpo fino, nuestras emociones y ese sexto sentido que es algo más bien como de brujas y no va bien con la vida moderna. Claro ya me quiero ver decirle al jefe “mi sexto sentido me dice que éste trato no es bueno”. Tener hijos es algo que se tiene que acomodar y ser mujer en este mundo moderno es cansado, una lucha constante y sobre todo una carrera contra el patriarcado que nos rodea y que nostras alimentamos.

¿En que momento nos perdimos? Tal vez ya lo estábamos y el hartazgo nos hizo ir corriendo contra el que nos sometía y solas nos metimos en otro sometimiento, por voluntad propia y no queremos salir de ahí.

Ahora nos volvimos por voluntad propia en símbolos sexuales, mostrando nuestros cuerpos en un afán de libertad, ofreciendo fotos gratis de un cuerpo que es vehículo de intimidad. En trabajadoras de tiempo completo que aparte de todo se hacen cargo de la casa, los hijos, el perro y también del desasosiego, que esta falta equilibrio, está generando en los hombres. . Era tanto nuestro anhelo de trabajar en lo que hacían los hombres, ese mundo prohibido, que aceptamos sueldos más bajos con tal de pertenecer a ese club tan exclusivo.

El gran problema es que ya pertenecemos y resulta que no era tan extraordinario, lo podemos hacer cansadas, con un cuerpo al que no conocemos y una capacidad creativa que hemos reservado para el maquillaje en nuestras caras o los detallitos en nuestra ropa.

A cambio de pertenecer a ese mundo hemos dejado de lado todo lo que sí conlleva ser mujer. Nos desconectamos de nuestro sexto sentido, es como si tu vientre hablara y no hay quien lo escuche. Se volvió una bolsa de posibles problemas, que nos molesta cada mes y a la que hay que mantener a raya para evitar engendrar vida. Nos desconectamos de la tierra, ahora es una extraña que se ha convertido en un background decorativo que embellece nuestras fotos o nos sostiene mientras nos asoleamos. No reconocemos los ciclos lunares en nosotras. Nuestras hermanas son ahora competencia, alguien sobre quién descargar toda la frustración que cargamos en parte como herencia en parte por experiencia propia.

Esta nueva generación de mujeres emprendedoras que han tomado las redes, que han generado negocios que empatan con el ser mujer; me parece simplemente hermoso, admirable y me riendo al poder de la vida. Al final, siempre busca y encuentra el balance.

Como mujeres aportamos una capacidad enorme de crear soluciones. El crecimiento ha sido increíble, mujeres haciendo todo lo que es posible hacer y justo aquí está el punto angular, la joya de ser mujer: ¡Podemos hacerlo!. Ya no hay duda, lo hacemos a diario y lo hacemos bien. (Dejó de fuera los puntos de comparación con los hombres, no creo que si quiera tenga que haber una batalla de sexos).

La idea de que seamos ellos contra nosotras, me duele. Es hora que tomemos responsabilidad, no hemos sido capaces de trazar un rumbo como mujeres de que es lo que queremos. Aceptamos límites endebles. Seguimos pagando la liberación con una sobre exigencia, con ser ultra multitask, con dormir poco y hacer mucho. Es un pago, nos lo recordamos unas a otras, todo con tal de ser aceptadas. Como en todo, uno lo hace en ese momento por que es lo que mejor puede y también cuando uno despierta se hace responsable y cambia.

Necesitábamos conocer su mundo, adentrarnos y reconocerlos como seres humanos; no como simples abastecedores. Reconocer la carga que están viviendo y juntos crear una nueva realidad. Llegar al punto de encuentro donde somos compañeros de existencia, en iguales circunstancias, posibilidades y responsabilidades.

Se que es lindo y el sueño de todos. En el que los demás respeten nuestros límites, sólo por que nos quieren. Sí, es un sueño. Porque creámoslo o no, nosotras somos las que estamos cambiando las reglas del juego, no basta con decir esto no me gusta, es necesario que digamos lo que sí nos gusta. Y para hablar de lo que sí nos gusta, tenemos que saber que queremos, quienes somos y que nos funciona hoy. ¿Que te funciona a ti mujer, en la vida que tu tienes? Olvida lo que crees que tus antepasadas esperan de ti, eso es algo aprendido. Quieren que seas feliz, quieren que tomes sus experiencias no su dolor, quieren que aceptes lo que ellas te regalaron para llegar a donde estás ahora.

¿Como hacerlo? Cuando tenenemos años de desconexión femenina, con nuestros propios cuerpos, con otras mujeres y con los hombres.

Escucho los discursos, pedimos, gritamos que nos salven, que nos respeten, que nos paguen igual, que nos den. Y por otro lado, nos negamos a nosotras mismas, somos terribles unas con otras, nos engañamos, nos atacamos, nos criticamos, nos desvaloramos, nos comparamos y sobre todo hemos tomado esos espejos como un estandarte de lucha y liberación; cuando en realidad ya somos libres sin reconocerlo y por lo tanto sin tomarlo.

Es posible que el cáncer esté más en nosotras que en el mundo que vivimos, está en ese reflejo que ves en el espejo, el cual nunca es suficiente. Es posible que viva en nuestra relación con nuestra madre o hijos. Y así con esta lucha interna, salimos a diario esperando que el otro nos reconozca como lo que ni nosotras mismas nos reconocemos. Esperando que el de enfrente te diga ya basta, eres suficiente; más temo que nos daremos la vuelta y buscaremos a alguién más que nos vea incompletas. Por que en realidad el discurso es interno, intrínseco. Son años de condicionamiento, de historias, de dolor. Y también, son años de sabiduría, dormida apabullada por el discurso que nos contamos a diario, qué hay que salir a defender y luchar.

Estamos gastando nuestra energía queriendo cambiar algo que nosotras mismas alimentamos en el día a día. Por facilidad, por miedo, por que era eso o morir, por supervivencia, por un intento de redimirnos de una culpa que se nos impuso desde el famoso pecado original. ¡Es hora que digamos basta!.

Es hora que te veas al espejo, que te levantes y veas belleza en tu cuerpo, sin peros, sin cirugías imaginadas, sin maquillaje, sin perfilarnos los rostros, sin la depiladita. Así como eres, es hora que te reconozcas en la gloria de todo lo que ya eres y lo que todavía no te haz permitido ser. Que veas a tus ancestras detrás de ti, sosteniéndote, orgullosas de ti. Dejando que su aprendizaje pase a ti, como el regalo que es.

Al final los espejitos resultaron ser el verdadero oro, nos dieron la expansión que necesitábamos. No hay receta de lo que tienes que ser, ni un solo camino para lograrlo. Apaga la voz que satisfaces aún a pesar de ti y elige escuchar tu voz interna, tu alegría, tu plenitud. Cada una de nosotras, viene cargada con un poder creativo tengas hijos o no, nuestro cuerpo esta hecho para eso y para alimentarlo.

Es hora que alimentemos posibilidades y sólo lo podremos hacer desde el poder interno que vibra en cada una de nosotras.

Nuestras ancentras estás esperando que hagamos las cosas diferentes, créeme no es necesario repetir para honrar su sufrimiento, al contrario esperan que su experiencia nos sirva de evolución.

Deseo que este post, nos abra los ojos como grupo de mujeres. En tu vientre hay mucho por decir. Escribo para ti mujer, por que yo soy mujer y por que nosotras somos las que llevamos vida en nuestro ser, por que es tu gen lleno de creencias el que se transmite a hombres y mujeres. Por que es a través tuyo que se puede dar el cambio que tanto pedimos. Por que somos tu y yo las que vamos a engendrar el cambio que se necesita.

Así que enfócate, regresa a ti y se portadora del cambio que este mundo necesita.

¡Bendiciones!

Daniela Flores

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