El regalo de pedir una disculpa.

Un tema bastante complicado al menos para mi. Yo pensaban que amar a alguien incluía diluir cualquier ofensa en cuanto sucediera, simplemente era. Como te amo entonces no puedo, no quiero y no debo enojarme contigo.

Hoy comprendo que me había perdido de todo un proceso que trae consigo mucha riqueza.

El conflicto.

Cuando hay alguna situación que me contraponia con alguien, simplemente me iba a tratar de resolverla en mi mente. Sin siquiera considerar abrir mi boca y mencionar lo que me pasaba. En mi, era un servicio al otro.

Hoy me doy cuenta que era una cobardía de mi parte, con una untada de soberbia. ¿Qué cobardía y soberbia, todo al mismo tiempo? La soberbia es una forma de escondernos en un traje que aparenta ser demasiado grande.

Era soberbia el pensar que el otro no podría soportar mi rechazo. Cobardía, al correr del no del otro.

Simplemente, no podía reconocer mi valor y por lo tanto del otro. El enfrentamiento me conflictuaba, lo evitaba y prefería comérmelo. Al final, yo podía comprenderlo.

La riqueza en el conflicto

El enojo, la molestia, el ¡ash!. Es la parte tuya que te está diciendo estás pasando un límite. Esto es tan atemorizante para mi. Nací sin este equipamiento, bueno lo perdí con la vida. Ahora lo he tenido que retomar. Estar consciente a las primeras molestias y establecer mis límites.

Ahora en el fondo hay una voz mía que dice “el que se enoja pierde”, bueno quiero decirle a ésta voz . Estas equivocada. Cuando me enojo y escucho ese enojo, sí gano. Reconozco algo que no me gusta, le doy voz a mi ser y al permitirme sentirlo reconozco ese límite en lo simple, en lo sencillo. Evitó que se torne en una situación a morir. Es una forma de cuidar mis relaciones. De reconocerme.

Escucha esa parte tuya que establece límites. Que sabe reconocer lo que es bueno para ti. Hazlo antes de que se vuelva una bola de nieve que sea imposible de parar.

He dicho reconoce tu enojo, vívelo. No he dicho ve y gritonea a quién se te ponga enfrente, enójate con las personas. Eso es el extremo, lo hemos vivido así porque después de tanto aguantarnos pues se sale de control. La próxima vez que algo te moleste, vívelo. Enójate, reconoce que esa situación te molesta. Te darás cuenta que aún cuando estés molesto tu amor o cariño sigue intacto. Sólamente, tendrás la riqueza de un nuevo límite en ti.

El aprender a vocalizar nuestros deseos, nuestros límites es una actualización al contrato social que tenemos con la otra persona. No importa si son tus padres, hermanos, hijos o pareja.

Si tienes un contrato de renta y las condiciones cambian. Quieres que te lo hagan saber, así tu sabrás si te quedas o no bajo ese nuevo régimen. ¿Es verdad?

Justo por esto no lo hacemos. Nos aterra que nos cancelen el contrato o que nuestros nuevos términos no sean tan bien recibidos por la otra parte. No es lo mismo buscar una nueva casa que nuevas relaciones.

Sin embargo, esto es una forma de amor. Respetar los crecimientos personales de las personas es fundamental, al ir creando una nueva sociedad. Una más nutrida. Ahora, otra cosa es cierta. Creemos que el otro es más frágil de lo que realmente es. Haz la prueba, habla desde tu corazón y te aseguro que te sorprenderás.

A mi me pasó. Éste año perdí la última amiga, fuera de mi hermana del alma, que me quedaba. Fue un día en un café. Una actitud mía para ella ya no fue soportable. Me paró en seco, me dijo que no concordaba con mi forma de pensar, que se sentía ofendida y en ese café se terminó nuestra amistad. Fue una situación, tan surreal. No supe como reaccionar. Estaba enojada, me sentía juzgada, poco valorada y en el fondo la admiraba y me sentía respetada. Sí, así todo al mismo tiempo. Ella estaba hablando su verdad y en pro de nuestros años de amistad me estaba hablando con la verdad, como mejor pudo.Hoy se lo agradezco tanto. Cuando alguien te habla desde la verdad, te da dignidad y te da la confianza para que respetes ese nuevo límite. Una experiencia, que me hizo crecer. Y comprender lo rico que es que alguien te hable con la verdad. El cariño que le tengo, ahí está acompañado ahora con una untada de respeto. Sin embargo, yo no pienso cambiar mis creencias y tampoco deseo que ella cambie las suyas, así que nuestra amistad tuvo que terminar; más croe que el cariño, el respeto continúan. Lo sé.

Aprender a disculparnos

Es otra parte del proceso, algunas veces se vive otras se da por sentado. Estos días de reflexión, me han permitido darme cuenta la importancia de reconocer cuando alguien nos lastimó, hacérselos saber y aprender a recibir las disculpas.

Tal vez para otros es obvio, para mi es tan nuevo. Yo iba del me dolió, lo perdono y todo está bien. Y en esto, hay tanta energía que no se desdobla y donde creen que se quedó en mi.

Lo más conocido es aprende a disculparte. Sabemos qué hay personas que “nunca” se disculpan, otras que se “disculpan” de más y ¿las que no sabemos recibir “la disculpa”?.

No hablo del perdón. Hablo de tener a alguien enfrente, articular lo que te lastimó y permitir que el otro lo entienda, acepte que te lastimó, comprenda el nuevo límite en su contrato, te ofrezca la disculpa y la aceptes. No se trata de rogar, de que se esfuerce, de que se denigre. No. Hablo de permitir que el otro comprenda, acepte y respete el nuevo límite que estás trazando en su relación, aún cuando ésta no pueda seguir siendo.

Por ejemplo, yo dejé pasar mucho tiempo en una situación sin reconocer ante la persona, que me lastimó. Por lo tanto, esa persona nunca supo que tanto me había lastimado, por que yo me había quedado con la llave de esa habitación. ¿Como saber que tan grande era?. Mi soberbia, mi necesidad de protegerme. Me había quitado la posibilidad de recibir una disculpa, de tener un punto de encuentro y liberar esa energía. También me alejó del regalo de recibir una disculpa, del establecimiento de nuevos límites, del respeto que me enseño mi ex-amiga.

Cuantas veces me he negado el regalo de recibir una disculpa. Cuantas veces me he negado el regalo que se me establezca un límite, de regalarme dar una disculpa.

Ahora se algo. Yo merezco ese respeto y éste límite ya está reconocido en mi. Si esta persona quiere ser parte de mi vida de nuevo, tendrá que ofrecer una disculpa. No por que me la deba, si no por que es un reconocimiento del respeto que siente hacía mi como persona. Y en este proceso, hay una actualización de los límites en nuestro contrato social. El amor es algo que nunca se tocó, ahí está presente.

Aprende a aceptar las disculpas. Da el espacio para que suceda el proceso, la plática. Permítete escuchar las palabras, las razones y los nuevos límites.

Confía que en la base de tus relaciones hay amor, siempre está ahí. Sin embargo, no podemos dejar de lado que tenemos un cerebro con creencias diferentes y forzarnos a convivir bajo un régimen que nos lastima, es el camino directo a meter el amor en un calabozo.

Ps. Decir estoy enojada. Me dolió. Me lastimaste. Ha sido tan liberador, altamente recomendable. Sobre todo en una sociedad donde una mujercita comprensiva todo lo puedo vale por 20. Bueno yo prefiero valer por una y tener el permiso de enojarme, de decir no, de establecer límites, aún cuando se califique como una falta de control emocional. Lo siento, ya traté de la otra forma. No me funcionó. Sinceramente, no conozco a alguien que le haya funcionado.

Entre más hablo con las mujeres. Solteras, casadas, con hijos sin ellos. Me doy cuenta de lo cansadas, enojadas, frustradas que están. No por que no amen su vida o su familia, simplemente es por que se están negando una parte grande e importante de las mismas. Tal vez de ahí tanto problema con nuestras benditas hormonas, tal vez ya estamos hartas de ser buenas.

¡Bendiciones!

Daniela Flores

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