Mi exigencia.

Una llamado al amor.

Existe una exigencia interna que inevitablemente te lleva al encuentro con la externa.

Esa voz que te exige y exige que toma la voz de algún comentario en las redes sociales, da algún familiar, de nuestros padres, en las situaciones que se repiten y repiten en tu vida. Ésta sensación de búsqueda constante, sin que nada sea completamente suficiente.

Ésta exigencia está en mi. Los demás son voces que me han ayudado, sin darme cuenta, lo que traía activado. Claro que a mi se me iba la lección en defenderme, explicarlo o simplemente buscar en que estaba mal el otro. Ésta última era principalmente mi favorita, desgastante, me opacaba pero era la que más practicaba. Así como una droga, se sentía tan bien en el momento, después me sentía drenada entonces me distraía y comenzaba el círculo, ¡necesitaba más rush!.

Obsérvate, ¿que tan seguido quieres cambiar lo externo, para sentirte bien? ¿Que tan seguido te sientes calificado u observada por el “mundo”? ¿Que tanto te molestan las exigencias externas? ¿Que tan seguido quieres explicar tus decisiones en redes sociales, defender tu vida? ¿Que tan seguido eres tu contra el mundo?

En mi experiencia, tuve que reconocer esta exigencia. Por que no importaba que tan nutrido se estaba volviendo mi mundo interno nunca era suficiente. Obviamente no me daba cuenta, según yo era sólo lo normal. Es un juego que va y viene. Es decir exijo pero también acepto la exigencia de los demás. Y entonces viene la continua sensación de déficit.

¡Aclaración! Éste mecanismo me ha mantenido en vida, protegida y a salvo. Así que no caeré en la vieja costumbre de enjuiciarme. Es una forma mía de evitar el rechazo, cosa que aunque me doble en treinta es inevitable. Volteo a mi vida y es una lección constante. Aprender a vivir el rechazo, en todas sus etapas. Aprender a aceptar el rechazo y por lo tanto la aceptación.

Ésta vida es perfecta y sus tiempos aún más.

Hace 2 semanas…

Hace como dos semanas se cayó de mi librero el libro de Pema Chodron “Cuando todo se derrumba”, una tarea de mi terapia. Lo abrí en el siguiente capítulo donde habla de los 8 dharmas mundanos, ¿te ha pasado que lees o escuchas algo y asientes todo el tiempo? Bueno así estaba yo leyendo este capítulo, después de la sesión que describo más abajo. Tomé el libro y salió esta explicación habla de 4 pares de opuestos. Una parte nos encanta vivirla y nos apegamos a ella. Por otro lado a su opuesto lo evitamos a toda costa aún cuando es inevitable de la experiencia humana, la constante huida y apego nos daña. Nos evita contactar con todo nuestro espectro de emociones.

Yo me encontré en el juego del segundo dharma alabanza – crítica. Y en medio de todo ese aparente ir y venir está mi exigencia. Se acomoda para alabarme y para criticarme, para alabar al otro y ponerme en situación de crítica y viceversa.

Así que como ya no estoy para decirme mentiras, taparme con las cobijas y cerrar las cortinas, culpar al mundo y ponerme a llorar. Bueno pues terminé de verme, la capa de la cebolla se había comenzado a pelar en mi sesión pasada justo hace 3 semanas. Para ser sinceros, se viene pelando desde que decidí amarme, dejar de correr y tomar responsabilidad de la vida que se me da día tras día, éste es mi servicio a Dios. Amar la vida que me regala.

Una semana antes en mi terapia…

“¿Que es lo peor que puede pasar Dany?” Me dice mi psicóloga. Y yo me suelto en llanto como si tuviera tres años, literal. Puedo sentirme una niña, con el miedo que todo se derrumbe. Tengo miedo y es un panorama que no quiero experimentar. ¡Que alguien le ponga stop! ¿Dónde está mi mami? ¡Que me saque de aquí!, de esto que me aterra tanto, aún cuando no sé que es. Sólo sé que, eso es demasiado para mi en ese momento, es demasiado para la niña.

La doctora me dice: “¡Ahí está!. Es la niña la que tiene miedo de fallar, de no hacerlo bien…” suspira y me dice “Dani, tu exigencia es muy alta.”

Es en es espacio de amor, sin juicio que me regaló, donde mi exigencia se sientió amada. Una persona del cuarto a reconocido su trabajo, su necesidad de existir. Entonces así de un segundo al otro paro de llorar. La logro, a mi exigencia, ver y me tranquilizo, me siento como si hubiera hecho un viaje por unos segundos. Ahora somos dos adultas en el cuarto las que reconocemos a mi exigencia y su razón de existir es “si no fallo, entonces nada cambia, el mundo no se cae y puedo seguir sintiéndome segura.”

Ya no es una intrusa, algo a modificar. Es una defensa, que me ha mantenido a salvo. Que se activo para sostenerme. Algo así como cuando no tenemos fuerza en los músculos de las piernas y cargamos el peso en nuestras hermosas rodillas. Nos ayudan a movernos, sin embargo se acaban lastimado un poco.

Así la estoy atendiendo, cada que aparece la veo y observo que el fondo hay un miedo terrible a no lograrlo, a mostrarse sin ser perfecta, a dejar de alimentar la idea que se espera de ella y más.

Se escucha muy bonito el decir, ya no voy me voy a exigir ni a los demás, hermoso. Como el típico “juzgar es malo”, sin embargo evitamos ir más allá del juicio. Si vas encontraras el por que realmente lo haces y está más relacionado con una idea sobre ti que sobre aquello que juzgas. Es tan importante mostrarle amor a estas partes desbalanceadas en nosotros y fortalecernos en las que encontramos más balance. Por que al fin gritan, salen y se muestran por que están sosteniendo algo que no hemos querido ver.

Te invito, a que te veas. Que cuando algo te moleste, quédate ahí sin diálogo sólo siéntelo y encontrarás qué hay una parte tuya que está lista para salir y tomar el lugar, el espacio y el poder que le corresponda.

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