Wonka, el amor y la pareja

Y es que Charlie y la fábrica de chocolates, es una clase sobre el amor propio, el amor al otro, sobre los miedos y según mi veta de inspiración medianochera de hace unos días sobre el amor de pareja. Es que, ¿quién no ha sido una Veruca Salt?, queriendo que el otro se mueva a nuestro ritmo o que exprese su amor como nosotros lo hacemos porque “eso es amor” que se ilumine, que comprenda el mundo desde nuestra perspectiva ya ahora, en este momento que yo lo comprendí.

Tal vez, es necesario recorrer el camino desde Augustus Gloop hasta ser Charlie para poder valorar la fábrica de chocolates y claro también no morirnos en el intento.

Sí, creo una relación de pareja es un crecimiento propio continuo con un espejo, todos quisiéramos abrirle la puerta a un Charlie que valorará la cascada de Chocolate sin que se metiera a nadar en ella o sin un Mike Teavee que rompa todo sólo porque puede. Quisiéramos a alguien que disfrutara de nuestros inventos, que nos dejará experimentar sin perder la paciencia, sin que saliera lastimado; mejor aún nos gustaría no salir lastimados también.

Pero creo que se puede crecer, podemos pasar desde llenarnos con las delicias de todo eso nuevo que se nos presenta, a conocer las pesadillas y miedos del otro; porque seamos sinceros todos tenemos cosas deliciosas que ofrecer, es lo que nos hace atractivo hacia el otro y viceversa.

Y que bonito es cuando alguien aún cuando muera por llenarse de todas tus delicias, se toma el tiempo de respetarlas; creo que es cuando sabe reconocer las propias, el cuidado y amor que lleva tener un jardín de dulce, que puedes ofrecer ese mismo respeto al otro.

Sin embargo, creo qué para dejar de empacharnos o desilusionarnos como Violet Beauregarde, que se come un chicle y tiene resultados inesperados para ella; le advirtieron que no era seguro, que no era un chicle normal… pero ella eligió ver lo que conocía un chicle y esperaba que funcionara como todos los que ella conocía. Y pum, la vida le enseñó que hay que conocer cada cosa aún cuando parezca igual, pues todo lo vivo tiende a cambiar, evolucionar, expresarse a su propia manera.

No creo que seamos algo fijo; sabes el típico “esa persona es así” o el “yo así soy”. No, elegimos no ser diferentes, elegimos no cuestionarnos y no tomar responsabilidad; evitamos el trabajo de crecer.

Aún así, algunos afortunados se dan cuenta que ese ticket dorado es sólo la invitación y ellos tienen que responder, la vida pasa, nos da un ticket dorado y nos dice: “hay más”, uno despierta y cambias rumbo. Eso es cierto, también es cierto que es algo tan personal que no hay Fábrica de Chocolates que le haga cambiar a uno, más es cierto que algunas fabricas te hacen ver el vistazo de lo que puedes ser y te hace tanto clic que despiertas.

Si para ti es más importante seguir siendo como eres, como todos los niños que son eliminados, no les importaba la fábrica les importaba en lo que eran mejores, seguir perfeccionando eso. ¿Es malo? Claro que no. Claro ellos se convencieron que Wonka los eliminó, que actuaron mal… solo eligieron seguir siendo lo mismo que eran ates de ese ticket dorado sin aceptar el regalo de conocer algo nuevo.

Simplemente no era su tiempo, no estaban maduros, no era para ellos, no deseaban aprender de los Oompa-Lompas, como Wonka lo había hecho, de aprender del primero que fue expulsado. Supongo que algunas veces respondemos al boleto dorado solo porque es dorado sin apreciar todo lo especial qué pasó para tenerlo en las manos, ni lo nuevo que nos ofrece y aprendemos que no estábamos listos aún cuando luchamos para conseguir el boleto. Tal vez, sólo nos gustaba más la ilusión que la fabrica real o salir en las redes con el boleto.

Por eso, si alguien se mete a nadar a tu río de chocolate solo porque le gusta aún cuando lo esté contaminando, esa persona no está lista para tu fábrica, ni siquiera quiere aprender sobre cómo funciona. Solo quiere ser el que se bañó en un río de chocolate a menos que elija salirse y elegir respetar el río, entonces comprendió que ese no era su uso.

Para los expulsados, la fábrica era un paseo, un wow, era el siguiente paso de conquistar el boleto dorado que muchos querían.

En la película nos hablan de lo mimado, pero seamos más prácticos… cuantas veces no nos dejamos llevar por el físico, porque le gusta la misma música, porque es tal de x lugar, por que sabe mucho, porque que x ítem de una lista de la pubertad y dejamos de lado lo que sabemos que necesitamos esa parte que le habla al alma, la experiencia de entrar a una Fábrica de chocolates que nos dice eso que anhelas en silencio, que sabes que te va a expandir… existe y es aún mejor.

Tal vez, nos lleve relaciones, años, momentos comprender el privilegio que es que alguien nos habrá sus fábricas pero cuando llegues ahí a reconocer tu fábrica, hónralo.

No es sobre ser perfecto, Charlie no lo era, creo que es amar, respetar, admirar y todo eso… pero sobre todo es sabernos dignos y merecedores de esa fábrica, tanto para cuidarla, aprender cómo funciona y disfrutar de ella.

Daniela

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