De ver lo bueno

Nací con esta posibilidad de ver el potencial en las personas, en las situaciones, en mi propia vida.

He aprendido con el tiempo a reconocerlo y por lo tanto aprender la responsabilidad que con el viene. Requiere prudencia, compasión, verdad, respetar los tiempos; sobre todo prudencia.

Algo con lo que nací corta, desde pequeña fui pronta a decir lo que pensaba. Algunas veces sin darme cuenta que lastimaba.

No sólo a otros, también he aprendido a base de prueba y error, a usarlo en mi. A ser compasiva, paciente a acompañarme del punto donde estoy hasta donde sé que puedo llegar. Y un poco más flexible pues sé también que constantemente se alimenta de las elecciones que hacemos día con día.

Has intentado marcar una línea recta para marcar la mitad de un papel , donde tu regla no toca ni donde termina ni donde comienza. Bueno tienes que hacerlo por partes y cada milímetro que te mueves modifica la línea media.

Jumaste así son las elecciones que tomamos, modifican milímetro a milímetro la vida. Afortunadamente nosotros no somos una línea recta, que tenga que ser trazada exactamente; sólo toma la parte de los milímetros.

Quisiera regresarme a todas mis versiones anteriores y susurrarles al oído: “Eso que sabes que puede ser es aún semilla, y es en esta versión donde habitan todas las posibilidades”.

Antes no lo veía, se convertía en una exigencia, no desde el punto esto no es suficiente, más bien desde el punto puedes ser todo eso.

Lo que no notaba de mi discurso tanto interno como externo, es que “todo eso que era posible” nacía de esto; no notaba que al engrandecer eso que se puede ser se disminuía el valor de la chispa desde donde todo nace.

Recuerdo la sensación. Mi mente falta de confianza en la vida lo veía así: vas a ir a x lugar, corre a la estación y toma el tren ya hoy. No sabía que el tren se toma cuando uno está listo, si no de nada sirve llegaras al lugar y te parecerá el más aburrido, pues te falta el hambre que genera el camino.

El hambre de lo nuevo, de lo posible, de esa versión tuya, de ese fuego que se prende cuando algo te hace clic en el corazón. Cuando el fuego interno se prende y se aviva despacio, toma carácter, toma poder.

He ido aligerando mi exigencia, claro que comencé por la propia. He aprendido a recorrer el camino, a encontrar el valor de donde estoy. Aún cuando lo posible se vea lejano, sé que para que perdure tengo que permitirme recorrer el camino, ganar la sabiduría, la experiencia para poder disfrutar de eso a donde voy, ganar hambre, antojo, deseo, pasión, constancia.

La explosión, es necesaria. Es la contracción que permite nacer, lo que rompe la tierra, lo que quiebra la semilla; pero no es lo que alimenta a la semilla, no es lo que la hace crecer.

Y mientras escribo esto descubro que el camino de equivocarme y reconocerlo, de ir limando y limando es lo que me ha vuelto más flexible con lo que veo. No ha sido fácil, donar a mi arrebato, a mi necedad, a querer que eso bueno suceda ya.

Al final, es sólo una posibilidad y se que tanto para mi como para el otro, siempre se desdoblan los mejores caminos para la versión que comienza el camino.

Y es que lo que no sabía mi Daniela pasada, es que el tiempo no es lineal, que las posibilidades son infinitas. Que hoy se me muestra la más optima para mi versión actual, pero el día de mañana se puede modificar. Que los tiempos del universo no tienen el mismo ritmo de los relojes, no están definidos por los horas ni por los calendarios. Más sí, por nuestros tiempos de maceración, de crecimiento, por esa capacidad de permitir la explosión, de contenerlo, de encausarlo.

Sea donde sea que estés es desde esa versión tuya que se abrirá a siguiente parte del camino. Lo que modifiques hoy modificará las posibilidades que se te abren.

Otra cosa, la pasión no es siempre arrebatada. La vivimos así porque no nos permitimos experimentarla en consciencia, generalmente la vivimos en lo obscuro, no sabemos saborearla. Es necesario que recorra nuestras venas, que estremezca nuestra existencia, cada célula y así permitirnos recibir los frutos que trae con ella.

Daniela Flores

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