Los Bebedores de Lágrimas

Él, era un bebedor de lágrimas. Rompía ilusiones para poder beber las lágrimas derramadas a su partida.

Un día la conoció a ella, era divertida y ese brillo en sus ojos era lo que le había impedido alejarse. Necesitaba lágrimas, estaba seco. Nunca antes le había costando tanto trabajo romper ilusiones y adueñarse de las lágrimas. Ya no podía seguir alargándolo, así que la miro por última vez, ese brillo en sus ojos era algo que simplemente lo cautivaba.

Al mirarla pudo ver como una pequeña lágrima se derramaba de sus ojos, era tanta su sed que no pudo resistirse. La limpió con sus dedos y al probarla, sintió un crujido, había sido tan fuerte que su corazón, esa vieja máquina había comenzado a funcionar de nuevo, con todas sus fuerzas corrió lo más lejos que pudo.

Esa noche las calles se convirtieron en ríos salados de ilusiones rotas. Su corazón funcionaba de nuevo, pero no sabía como usarlo. Sólo sabía beber lágrimas. Nunca recolectó las lágrimas que provoco en ella, tenía miedo que al probarlas se rompería.

Lo que el bebedor no sabía, era que la lágrima que probó provenía de la chispa de los ojos de ella, tampoco supo que esa chispa era amor.

Ella se quedó inmóvil, ¿qué era ese crujido en su interior?, ¿habría sido la sequía lo que había provocado ese dolor?. No pudo resistirse a esa lágrima que se derramo de la chispa de los ojos de él.

Si hubiera tenido las fuerzas ella hubiera salido corriendo, más no las tuvo se quedó tumbada ahí a mitad de la vereda con la luna alumbrando las lágrimas que ahora ella derramaba, las que había robado toda su vida.

Entre más lloraba más latía su corazón, lloró tanto que se quedó dormida, hasta que los primeros rayos del sol salieron.

Con el tiempo se acostumbró a respirar un aire dulce, había dejado de ser salado; también al tac tac de su corazón, al brillo en sus ojos uno que sólo había visto en los de él.

Él, no supo que ella también era una bebedora de lágrimas, tampoco supo que esa noche derramo todas las lágrimas que había tomado prestadas y tampoco supo que la chispa que tanto le gustaba en los ojos de ella, sólo era un reflejo de sus propios ojos.

Se alejo de la chispa, por miedo a volver a sentir su corazón latir.

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