A la redondez que
habita en mi cuerpo
la misma que se encargó
de ensanchar mis caderas,
a la que me hizo mujer.
En cuerpo,
en existencia.
Corres fresca dentro de mi
como el agua de un manantial,
eres más dulce
de lo que me había
atrevido a aceptar.
Entre lo afilado de mi pensar
hay poco lugar
para reposar en lo dulce,
uno lo toma de rápido
para no perder la barrera
ante la vulnerabilidad.
No había conocido dulzura
como la de la redondez
que habita en mi ser,
en éste cuerpo de mujer.
Algunas veces escarlata,
otras fruto maduro
recién caído del árbol,
también botón de flor
cargado de promesas
infinitas esperando florecer.
Siempre dulce y perfumado
promete abundancia,
mi santuario al centro
de mi cuerpo de mujer.
Daniela Flores

Qué bien me va
La ves. No quieres interrumpirla.
Qué bien le va… piensas.
Y luego entiendes: qué bien me va.
Mis caricias se encogieron
Para quienes guardaron sus caricias, creyendo que ya no harían falta.
No es que renuncies al amor, es que se encoge… para poder quedarse.
Mientras estiraba la masa
Hola,
Mi fin de semana largo estuvo mezclado.
Me pregunto cómo estuvo el tuyo.
