Eran poco menos de las diez de la mañana. Los camiones de reparto ocupaban la plaza, en minutos serían sustituidos por turistas, como si nunca hubieran estado ahí.
Pero por esos cortos minutos la plaza era mía. Imponente con sus doce Maisones y el ayuntamiento, cuentan una historia con oro y esculturas en cada una de sus fachadas.
Mientras le doy un sorbo a mi café que contrasta perfecto con el dulzor del chocolate obscuro de mi wafle, escribo en mi libreta de viaje: “siempre hemos querido contar nuestras historias, en lo que creemos y amamos. Ya sea en fachadas, en las cavernas, en papel…en la piel.” La alarma de mi cel me recuerda que mi tren está pronto a salir.
Daniela Flores
Esta serie es una colaboración para Viaja Girasol link debajo del video.
