Cuando te perdí era una niña, no sabía de no volver a ver, esa experiencia en mi no existía. Hasta ese día que te vi enfermo, supe que pronto lo experimentaría.
En la ligereza de la niña, me dediqué a jugar porque es lo que hacen las niñas. No me ocupé en pensar en los años que vendrían, en todas las celebraciones que no estarías, en que mi vida sin ti cambiaría.
Tu pronta partida de mi vida creo una precaución, a la perdida, que no conocía, aprendí a muy corta edad que amar incluye perdernos algún día.
Daniela Flores
