A medida que uno crece las heridas dejan de pesar se han convertido en enseñanza la vergüenza se ha dejado de cargar. La que inhibió a la adolescente y le hacía correr de ella misma de todo aquello que pudiera revelar sus heridas. Con cada campanada que marca el final de un ciclo en esta existencia humana que llamo mi vida. Me vuelvo testigo de la necesaria e inevitable inmadurez en la que habitaban mis actos pasados. Se prende la señal de precaución la que quiere ahorrarse la vergüenza futura de un pasado inmaduro ella quiere ser madura toda la vida. Lo que realmente quiere es no volver a lidiar con la vergüenza lo que realmente quiere es sentirse segura. Solo quiero decirle que la fresa que acaba de saborear tampoco nació madura el sabor que tanto le deleita sólo se obtiene con el paso de la vida. Daniela Flores
