Nadie sabe lo que tiene…

Debo decir que sí, uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. No es que uno no lo aprecie del todo, sabes que te da bienestar; sin embargo el no tenerlo te da la pauta para saber que tan importante era. En mi caso, me ha servido para darme cuenta que hay cosas a las que parecían más importantes y otras que no lo sabía hasta que estuve en la puerta de salida.

Tal vez hay personas que tienen la capacidad de saberlo, antes de perderlo. Me declaro defectuosa en ese aspecto. Lo supe ese día que me subí al taxi y me di cuenta que lo que estaba dejando atrás era mucho más importante de lo que me había atrevido a considerar; supe ahí que no era una ilusión era real.

También, me di cuenta cuando después de algunos meses comencé a extrañar ese gimnasio al que algunas veces dejaba de ir porque no me gustaba sentirme obligada a hacerlo. Aprecié también, el espacio de independencia que me daba mi oficina.

Aprecié los domingos ruidosos con toda mi familia hasta que se volvieron escasos, aprecié las risas descontroladas hasta que mis sábados se volvieron solitarios. Y así, la lista es larga. De algunas cosas uno se recupera, algunas dejan cicatrices más profundas que al verlas le recuerdan a uno lo que ya no es.

Claro que esto te hace más despierto a apreciar lo que si hay, ¡ya sé!. La eterna pregunta, ¿por qué tuve que pasar por todo esto para verlo?. Bueno a mi se me ha presentado últimamente la idea de que la caminata es necesaria, gana uno fuerza, cansancio, la misma desesperación te hace crecer no sé como pero lo hace.

Así que hoy me doy chance de apreciar lo que logro distinguir, aceptar que el contraste de ya no tenerlo me enriquece tal vez con un poco de molestia y que todo esto me hace crecer. Sobre todo he comprendido que la vida no es algo a solucionar, no es una eterna batalla; sólo es y no me corresponde detenerla, sólo vivirla.

Así que algunas veces muy a mi pesar, solo sabes lo que tienes hasta que ya no lo tienes. Y así la vida, al menos la mía, imperfecta, bella, con sorpresas y un trozos de inesperado.

Daniela Flores

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