El amor es un tejido; antes de materializarlo, debemos aprender a vivirlo.
A hacerle espacio para que florezca en todos nuestros cuerpos,
y uno de ellos es el físico.
¿Necesitamos un amor materializado para sentirnos amados?
Publicado originalmente el 6 de julio de 2014 | Actualizado
El otro día, platicando con mi mamá, me dijo:
“es que somos materialistas, porque necesitamos prueba material de todo en aquello que creemos”.
Sentí tanta verdad en eso. Lo puso justo en las palabras exactas que ya rondaban en mi mente.
La necesidad de pruebas materiales
Es cierto: una parte de mí no teme ni le pesa confiar. Al contrario, se alegra de solo confiar.
El confiar, el crear, la hace muy feliz, pues la vida le ha demostrado que la ama.
Y hay otra parte de mí que requiere comprobación física… y no es nada, nadita paciente.
Entonces caí en la cuenta de que esa renuncia que se nos pide para poder vivir a Dios no es solo de cosas materiales, sino también del resultado final de la manifestación física de lo que deseamos.
Es renunciar a la urgencia de que se materialice para sentirnos protegidos, escuchados, amados.
Es confiar sin necesitar prueba.
Confiar sin ver
Nuestros esfuerzos —ese dejar pasar a alguien en la fila, ser honrados en el trabajo, superar una enfermedad— ya son bendiciones en sí mismos.
A mí solo me quedó claro amando.
Amar como elección
Amar es una decisión.
Si yo decido amar a alguien, eso no lo obliga a amarme (aunque seguramente lo hace, pero a su modo).
El gran aprendizaje de la vida ha sido este: la gente ama como mejor puede.
No necesitas que te amen para amar.
Amar es un estado que uno se permite vivir, y el amor siempre llega de regreso.
Nosotros somos amor, y podemos decidir vivir en él o no.
El amor en todas sus formas
Tengo toda una vida para perfeccionar el arte de regresar al amor.
No sé si se pueda vivir sin esa parte “materialista”, pero sí sé que se puede volver al amor.
Y desde ahí, la vida se vive diferente:
te desgastas menos, disfrutas más, creces, compartes, perdonas.
Puedes realmente amar, ver lo más bonito en los demás, vivir con menos drama y con más calma.
¡Claro que quiero la materialización!
Es deliciosa, disfrútala, vívela, porque llevas tiempo creándola.
Solo no olvides que antes de ver la flor, fue semilla —sin flores, sin raíz, sin tallo.
No hablo solo del amor de pareja, sino de todas las manifestaciones de amor: amistades, familia, desconocidos, conocidos, novios, exnovios, amores primarios, secundarios y de los que duran toda la vida.
Regresar al amor
El amor es tan limpio que no se defiende, no se envanece, perdona todo, no se infla.
No entra en juegos de poder ni de dignidad.
Y eso es lo hermoso: que es tan fuerte y poderoso que no requiere más que dejarlo fluir.
Todos tenemos acceso a él, sin importar nuestra historia o creencia.
Todos somos llamados a él.
El amor crece al compartirlo.
Hay posibilidades infinitas de amor, porque está en continuo crecimiento.
¿Cómo medir o definir algo que siempre evoluciona?
Solo queda vivirlo, en cada momento.
Un ejercicio para el presente
Seamos cariñosos con nosotros mismos cuando notemos que estamos siendo “materialistas”.
Apreciemos las manifestaciones que ya estamos viviendo y regresemos al amor, una y otra vez, para vivir el presente.
Si hemos creado un mundo de miedos, crisis y enfermedades, es hora de crear uno de alegría, esperanza, salud y abundancia.
Una reflexión final
¿Realmente necesitas las flores, la música, la ida al restaurante, la publicación en redes, las fotos públicas?
Haz una lista de lo que no tienes y pregúntate si realmente lo necesitas.
¿Es un deseo genuino o una construcción cultural?
Luego haz una lista de lo que sí tienes y te gusta.
Tira la otra y enfócate en esta.
Así como las flores: cuando una se empieza a secar, la dejas ir y sigues alimentando las que florecen.
Créeme, hay muchas cosas que no necesitas, que no disfrutas y que sigues pidiendo como si fueran necesarias.
Y eso es aprendido.
Empieza a apreciar tu preciosa existencia.
Daniela Flores
Escrito hace más de una década, pero cada año la vida me lo recuerda de nuevas maneras.
