El árbol…

Hay un árbol en mi camino que veo casi a diario. Está ahí grande y majestuoso. Me toca verlo cada que me toca el alto justo en frente, rodeado de ciudad, cables, semáforos.

Recuerdo que la primera vez que lo yo lo ví fue hace unos 6 años atrás, venía de una terapia de acupuntura. Fue en la época que desperté y esas terapias me ayudaban a sacar todo el lodo. Pero como cuando limpias una casa, tienes que verlo y no es bonito, pero necesario y vale la pena.

Bueno ese día, venía cargada había sido una terapia que movió cosas fuertes, estaba pasando una etapa difícil, mi corazón había tenido un golpe fuerte, venía con unas lágrimas en los ojos, aún así era seguro manejar (jaja). Recuerdo que lo ví y casi puedo asegurar que sus hojas brillaban como si fueran de algún metal verde agua. Por un momento en ese alto sólo vi el árbol, ahí majestuoso. Así como una escena de la peli 300.

Sin palabras que corrieran por mi mente, no había voz. Sólo supe que estaba bien, que esa paz era mía. Tal vez dolía, tal vez me la ponía difícil, tal vez no tenía todo tan claro como mi mente quería, pero supe que ya todo estaba bien.

Esa sensación me acompaña siempre, desde ese momento. Podré sentirme mal, llorar, enojarme, no saber que hacer, pero sé que todo está bien, sí en momento presente.

Ese árbol, se convirtió desde ahí en un maestro, que me saluda y recuerda cada qué pasó frente a él. Prometo que tiene algo. (No consumo drogas, ni alcohol), mi conducto fue el dolor, ahora es la armonía. Uno tiene que trabajar con lo que tiene a la mano.

Bueno la otra vez, volvió a hacerlo. Estaba en el alto, ahora mi humor está mucho mejor, más estable, venía de escribir unas buenas páginas, el lodo ya no me asusta y mi corazón ha sanado. Entonces ví las hojas metalizadas, tambaleándose de un lado al otro, como lo hacen los niños en un festival cuando cantan. De un lado al otro.

Pensé que bonitas hojas, sabrán lo bonitas que se ven desde aquí. Luego pensé, wow, si no supiera que el arból me sostiene y si fuera hoja que miedo saber que ese aire que me mueve me puede tirar en cualquier momento. Yo creo que sí saben, deberían de verlas ahí tintineando, tan bellas y ese árbol es magia.

Hay tanto que el mundo que nos rodea nos habla. Confía en que lo que se tiene que revelar se te será revelado, lo que tu entiendas es eso lo que tienes que saber. Con el tiempo, la información evoluciona y es sano aceptarlo. No antes, no después.

Luego se vino esta hola de pensares sobre el árbol, la sensación de las raíces en la tierra mojada, como esos nutrientes se vuelven hojas, y demás… comprendí que es mejor saberme parte de un todo que sentirme una hoja y aferrarme a la rama. Y ahora mientras escribo esto, me doy cuenta que antes elegía saberme sólo hoja, luego dije bueno tal vez rama, bueno tal vez árbol y conforme acepto cada parte. Acepto que puedo elegir creer que soy lo que sea, sin embargo no dejo de ser quién realmente soy.

Así que sí, el cielo es el límite.

Así como ese árbol, que me regaló el mejor consuelo que mi alma podría haber necesitado, ahora me da sabiduría. Y es “sólo” un árbol, solo unas hojas…

Nunca se es un “sólo”.

¡Bendiciones!

Daniela Flores

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