
Escribí un libro.
Pero no uno de esos que vienen a decirte cómo deberías estar viviendo.
Escribí un diario.
Un diario que no se lee en orden, que no tiene principio ni fin, porque no intenta llevarte a ningún lado. Solo acompañarte donde ya estás.
No es una historia.
Es intimidad.
Es el tipo de libro que abres y piensas:
“ah… soy yo”.
Habla de la mujer que medita y se distrae.
De la que quiere hacerlo “bien”, pero se cansa.
De la que intenta ser consciente, elevada, productiva… y aun así sigue siendo profundamente humana.
No es solemne.
Tiene humor.
Tiene contradicciones.
Tiene momentos incómodos que se parecen demasiado a la vida real.
Este diario no promete iluminación.
Promete compañía.
No intenta sacarte de la sombra que genera la exigencia de siempre rendir, siempre poder, siempre avanzar.
Se sienta ahí contigo y dice: “sí, a mí también me pasa.”
Diario de una Diosa Poco Iluminada nació desde ese lugar.
Desde la risa que aparece cuando te reconoces.
Desde el alivio de no tener que explicarte.
Desde la certeza de que verse reflejada, a veces, ya es suficiente.
Daniela Flores
