Game Over: Carta abierta al dolor.

Querido dolor,

Te resistí mucho tiempo.
Sabía que existías, que eras parte de todo…
pero no te aceptaba.

Me escondía,
jugaba en mi mente a prevenirte,
me encerraba para no toparte.

Había en mí una protección invisible,
un film de miedo que no dejaba que tu sabiduría me atravesara.

Te confieso: sentía que si llegabas, el juego se acababa —game over.
Para eso corría,
de sentirte,
de verte,
de reconocerte.


Hoy entiendo que eres parte de la vida.
Que construyes tanto como transformas.
Que no eres bueno ni malo: simplemente eres.

Estuviste en mi nacimiento,
en mis huesos al crecer,
en cada músculo que dolía después de ejercitarlo,
en cada límite que me marcaste con tu presencia,
en cada ausencia y final.

Eres natural, inevitable, honesto.

Y sin embargo, durante años te confundí con tragedia.
Quise iluminar todo sin dejarte espacio,
como si fueras incompatible con la luz.

Pero la ingenuidad cansa, porque hay que sostenerla.
Y cuando se rompió, nació la inocencia:
esa que no teme mirar de frente lo que duele,
la que me invitó a quedarme,
a observar incluso en lo que incomoda.

Sentirte no me destruye, me integra.
A través de ti aprendo límites, compasión, profundidad.

Vivimos en una sociedad que te teme,
que te esconde, que te disfraza de error o fracaso.

Nos enseñaron a huir de ti, a distraernos,
a taparte con prisas o promesas de bienestar,
a querer sanarte inclusive sin escucharte.

Pero no se trata de buscarte ni de provocarte:
se trata de no huir cuando llegas.

Porque cuando se te mira sin juicio,
sin resistencia, revelas algo sagrado:
la capacidad humana de renacer.

He aprendido que para atravesarte
necesito tierra: mi cuerpo, mi casa, mi alimento, mis pausas.

No como evasión, sino como raíz.
Porque sostener la vida también es aprender a sostenerte a ti.

Hoy ya no te temo.
Ya no huyo cuando apareces.
Te miro con respeto, con curiosidad, con amor incluso.
Porque sin ti, no habría conocido
la profundidad de la luz,
ni la fuerza de mi propia ternura.

Gracias por recordarme,
una y otra vez,
que vivir también duele…
y que aun así, vale tanto la pena.


Daniela Flores

Dejar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.