Londres


Deseo una vida de mariposas rehabilitadas, pensó con la mano en el pecho. Ellas, las mariposas, le respondieron con un breve aleteo. Fue ese museo sobrio y en pleno silencio con su exposición sutilmente curada, la llave que abrió la delicada jaula bajo la cual las tenía resguardadas.

Los últimos años se había dedicado a cuidarlas, tejer sus alas, enseñarlas a disfrutar de su vuelo sin tener que hacerlo por nadie más, dejarlas fertilizar primero su jardín. Entre risas mezcladas con sollozos, cruzaba el puente que la alejaba de su lugar de liberación. El aire frío le cortaba la piel de la cara mientras secaba sus lágrimas.

Fue justo ahí que sus mariposas volaron salvajes sin resto de temor, entre las olas del mar, las gaviotas y los demás caminantes que la veían pasar. Una turista más, ella, se había convertido en un tornado de mariposas salvajes rehabilitadas que se liberaban de años de precaución.

Daniela Flores

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