Corina, el costo de su paz.

He sido Corina, uno tiene tanto en su botecito de amor que no importa darlo, que crees que tu paciencia y amor eventualmente va a llenar esos huecos. Hasta que te vuelves consciente del valor de tu botecito interno y te mueves. Recuerda que la energía siempre responde, es más real que las palabras y que las acciones.

Corina, el costo de su paz.

“Me enoja que mi amor sea una constante para ti, un faro entre tus tempestades,” le gritó Corina con un dejo de decepción. Se tiró en el sillón, fatigada de ser ella quien llenara los espacios entre el hombre que decía amarla y el mismo, que la alejaba cuantas veces quería.

 

“Es una situación compleja,” alcanzó a responder sin mostrar el mínimo de preocupación. Para él, eso aclaraba todo, poniendo punto final a ese reclamo. Para Corina, esa respuesta, fue la confirmación; ya no estaba dispuesta a llenar la distancia entre sus palabras, sus emociones y sus acciones.  

 

Quería una relación con comunicación afectiva clara, donde el amor no quedara como rehén ante la vulnerabilidad. Entendió que Carlos no estaba disponible para dársela. Cada que tenía un problema se cerraba, la dejaba fuera por semanas y un día regresaba a ser amoroso como si el tratamiento de silencio no hubiera pasado.

 

Para ella esas semanas eran una tormenta que arrasaba con su confianza, su ternura y poco a poco con el amor. Había comenzado a vivir en constante vigilancia ante los cambios de humor que Carlos experimentaba. Estaba en modo de supervivencia, ya no podía más. Así que marcó ciertos límites.

 

Con el tiempo recuperó su ternura, su amor, su confianza. La nueva Corina no le servía más calidez a cambio de frialdad, no se involucraba en sus tormentas y no lo recibía con brazos abiertos sin antes conversar. Carlos se alejó y Corina lo dejó. Por más que lo amara sabía que solo él podría traer calma a sus tempestades, y ya no sería bajo el costo de su propia paz.   

Y así Corina recuperó su propia paz, dejando al otro vivir como elegía vivir. Sin querer cambiar su concepción de la vida, ni del amor, ni de las relaciones. Es tan fácil, pensó. Valió la pena haber seguido mi instinto y no conformarme con pedacitos de amor, atravesar la soledad y aprenderme a amar.

Daniela Flores

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