El final nos supone un vacío, aquello que viene existiendo deja de serlo y se queda en vacío.
Como ser humano de este mundo, comprender y aceptar los finales ha sido un proceso, aún cuando los he vivido toda mi vida.
El fin del cole, el fin de la caricatura, el fin de la bolsa de papitas, el fin de una amistad, el final de la temporada de exámenes, la muerte, la mudanza, el fin de un viaje, etc.
Algunos más fáciles que otros, otros más dolorosos y otros más deliciosos como acabar los exámenes, el fin de la escuela era el inicio de las vacaciones, el fin de las vacaciones el inicio de otro ciclo escolar.
Un poco, sube y baja, un poco fin y luego inicio, un poco florecer y marchitarse.
Y hoy en mis treintas me descubro aceptando que esta es la vida, inicia y termina, sucede en lo más simple hasta en lo más complejo.
Sin embargo, también reconozco que hay finales que duelen, que a tu corazón le cuesta seguir a tu mente, que cuesta más dejar ir las hojas marchitas.
Algunos, son fáciles, uno los trabajó, los pidió, los esperó. Otros son inesperados y fáciles de tomar, tal vez, en el silencio los pedimos cuando dejamos de alimentar aquello que vivimos.
De la forma que sucedan, son necesarios y no hay más ciencia que aceptar que son como suceden en la vida.
Mi planta me ha enseñado esto, un día está verde, con una flor y al mismo tiempo la hoja de la orillita ya está empezando a hacerse amarilla.
Está comenzando a vivir un final, pero en su gran sabiduría, en su abundancia sigue creciendo pues es así como se sigue en la vida; no sé si les duelan esas hojas amarillas.
Cada final nos va dando forma, pues deja el vacío, el hermoso vacío que nos obliga a crear algo nuevo.
Entre mejor sea nuestra relación con el vacío, entre mejor llevemos esa sensación de no saber, no tener, de posibilidad más amplias serán nuestras opciones de crear cosas nuevas en nuestra vida.
A lo que voy, es que el final nos deja con un vacío que muchas veces cubrimos con “otro igual”, más nunca lo será, en realidad lo estamos recreando como un papel calca, que siempre se mueve un poco del original.
El problema es que si a cada final, recreamos lo anterior pensando que estamos remplazando lo terminado con otro igual acabaremos con una vida que se siente continuamente parecida en búsqueda siempre de la sensación original, inclusive si buscamos una “mejora” en base a cierto original, estamos condenando nuestra vida a un punto en el tiempo.
Más la invitación es esta:
Si a cada final te rindes, aceptas que terminó. Tomas el vacío junto con la frustración, dolor, incertidumbre que trae y te permites crear algo nuevo; tal vez, tendrás metas, ideas, deseos, anhelos nuevos y acabarás con una vida llena de muchos momentos originales, que iniciaron y acabaron. Tal vez, tu vida se siente más ligera y enriquecida. Es como el árbol, tu tronco será grueso, se verán tus vivencias más tus ramas serán ligeras, podrán permitir, viento, lluvia, aves pasajeras, otoños, inviernos.
Espero que el final de este año, te deje un vacío colmado de posibilidades, sanación, perdón, compasión, abundancia, prosperidad, ideas nuevas, alegría, risas, amor, familia, amigos, inspiración, abrazos, risas muchas, arte, música, viajes, sol, tranquilidad, paz en tu ser, conocimientos, lecciones, apreciación, gratitud, ejercicios, verduras, frutas, agua, oxigeno, salud y más; que te permitas tomar todo aquello que necesitas, que anhelas, que quieres compartir.
Mis mejores deseos para ti y todos aquellos que amas.
Daniela Flores
