El poder de dejarnos guiar, moldear y confiar.
No soy mucho de museos, amo pintar y amo el arte. Así que si hiciéramos un diagrama de Venn me encontrarías en un museo que tuviera arte moderno, alguna vez en la vida.
Tenía una urgencia de ir a una exposición, ya era el último día en la ciudad y me dije: ¿para qué?, porque estoy aquí y puedo, así respondí mi urgencia de ir.
Me pasó que fui y el olor a oleo, a arte, a expresión me despertó descubrí que tenía el corazón cerrado, adormecido y no me gustó.
Noches después lloré un poquito, tenía como un mes sin hacer nada, se me rompió un tejido, mi tienda no despega y pensé para que sigo acumulando todo esto que hago.
De ahí venía, de un corazón cerrado porque no sabe navegar el materialismo, algunas veces este mundo se me hace súper rudo debo confesar, como pasamos del otro, como hacemos de todo hasta vender algo en lo que no crees, como se nos exige olvidarnos de quienes amamos como si fueran pañuelos desechables.
Este fue un llanto de despertar, de limpieza, de agradecimiento por el “¡oye!, no te duermas” y también el dolor de darme cuenta que me había cerrado a algo que amo, porque no he aprendido a navegar en este mundo.
La respuesta es aprende, la entendí, solo al darle valor a mi arte.
El problema, es que si me cierro para protegerme me cierro al arte, a la poesía, a la vida y no puedo hacerlo me sale más caro, que aprender a navegar la parte material.
Y ese es el poder del arte te hace recordar, anhelar, enfrentarte, cuestionarte, abrir tu mente y ahora sé también tu corazón. Vi obras realizadas desde el espíritu con temas profundos, visualizaciones vueltas cuadros, arte basado en meditaciones y me sentí en casa.
Eso fue lo que me pasó, me encontré en cuadros antiguos y entendí que la búsqueda del sentido de la vida que cada uno hacemos desde nuestro punto de realidad es lo que teje la vida, para nosotros y para los demás. Y que es valioso, aún cuando no sea popular, común o fácil.
Que iba a saber Hilma af Klimt en 1920 que su arte me iba a despertar a mi en 2023, simplemente pintó lo que su alma le pedía, lo que ella veía y años después me dio un toque de despertar a mi para continuar haciéndolo.
Bonito, ¿no?. Cuando eres testigo fiel y casi puedes tocar el tejido de la creación, que no es lineal, no es causa y efecto solamente es continua en todo momento espacio y tiempo.
Daniela Flores
